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Centenario Fundacional

El 2012 año de Centenarios

 

Con gratitud al Dios de la vida hermano de los pobres hemos celebrado, un ramillete de centenarios:

 

  • Centenario del encuentro de Laura Montoya con Monseñor Maximiliano Crespo: El 11 de febrero, a las 11 a.m. de 1912, en Medellín
  • Centenario del nombramiento de Santa Laura Montoya como madre, el 13 de febrero de 1912
  • Centenario del mandado de la Virgen
  • Centenario de la Encíclica Lacrimabili statu Indorum:
  • Encíclica "Lacrimabili Statu Indorum "Lamentable situación de los indios", del 7 de junio de 1912.
  • Centenario de la primera visita al Occidente Antioqueño y Centenario de la visita a Frontino, fines de 1912

 

Encuentro con Monseñor Maximiliano Crespo

 

Al fin llegó el anhelado 11 de febrero de 1912 a las 11 a.m.

“… y con exactitud inglesa me presenté

al palacio arzobispal, sin más cita que la dada desde Antioquia, dos meses antes. Esa fecha tiene para mí su valor, por ser día de Nuestra Señora de Lourdes y como en esta Congregación todo resultó mariano, veo que fue cosa providencial.”

 

“El me oyó en silencio y luego me dijo: Sea como quiera; yo la apoyaré siempre y cuando escaseen los dineros de la diócesis, me queda mi bolsillo que no es escaso y que pongo a sus órdenes.

No lleve al principio, sino cuatro compañeras que sean propias para ser después superioras. 

Lo único que me falta es sacerdote, pero Dios

no ha de faltarnos.”

 

“El 13 del mismo mes volví a presentarme al palacio arzobispal y ya al saludarme el señor Crespo, me llamo madre.

 No me estremecí como hubiera debido, porque lo creí broma. Le contesté. Sí, ¡madre del monte! El se río, pero no volvió a darme otro título.”

 

Después del viaje a Guapa Laura empezó a arreglar las cosas para el trabajo con los indios.

Como nadie la apoyaba decidió irse a Roma y conseguir el amparo del Santo Padre . 

Antes hizo un pacto con la Inmaculada en la catedral hoy Basílica Menor de La Candelaria

 

 “Vete, Reina mía, y esta misma noche, cuando el Padre Santo , sólo en su cámara, ponga la cabeza en la almohada y se le vengan a ella todos los negocios de la Iglesia, éntrale también los indios y que venga la respuesta pronto.”

 

Averigüé el tiempo que una comunicación gastaba para venir de Roma y me contestaron que aproximadamente era mes y medio. Me puse a aguardar en esta vez, no lo que no ha de venir, sino lo que estaba segura que vendría, gracias a la convicción que al pie de María había conseguido. Al tiempo cumplido, llegó efectivamente una Encíclica

 

Llena de gratitud fui a la Virgen y le lloré de agradecida; le dije que me ofrecía para recibir todos lo tropiezos que la obra tuviera y que además, hiciera la obra del modo más glorioso para Dios y más ignominioso para mí

 

"Vencida por tu amor, no me queda más camino que dejarme querer". M. Laura

 

100 años de la primera visita al occidente Antioqueño, llego hasta Rioverde en Frontino para verificar la situación de los indígenas.

 

Antes de iniciar la obra en Dabeiba viajó a Frontino a fines de 1912,  viajo a occidente con la señorita Mercedes Giraldo, gastando 6 días completos. Y sin decirle a nadie el motivo  por temor a que las creyeran locas.

En una posada una mujer dijo ”Ustedes no van a pasear, ustedes tienen que ir a una cosa rara y esa cosa rara debe ser de Dios”.

 

Les recibió el cura porque llevaban carta del Sr Crespo ”pero como él no concebía como unas mujeres pudieran verificar una empresa superior a las mas reconocidas fuerzas masculinas no nos hizo caso”

 

Hasta hoy aún es dueña de un Lote de terreno en Curadiente (Hoy vereda Madre Laura ) donde está su Santuario

 

“Vosotras habéis de ser portadoras de la luz. Por eso tenéis que beberla y beberla a raudales aquí, en la casa de la luz” M.Laura

 

Fundación de la Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, 14 de mayo de 1914.

 

Laura Montoya, en su experiencia de Dios Padre-Madre, descubrió que podía liberarse de las normas limitantes de su tiempo e internarse en la selva, para predicar y practicar con audacia y sencillez el Evangelio, que vence la más sólida rudeza y de esta manera, llevar hasta la mente de los indígenas el mensaje de Redención, de un Dios que nos ama con tierno corazón. Sus sentimientos en relación con estos hermanos oprimidos lo manifiesta en sus escritos: "¡Para los indios, nos dice, la vida con su séquito de dolores no guarda ni una esperanza! Las incomodidades de la vida, acrecentadas formidablemente por el medio selvático y por la ignorancia de cuanto pueda aliviar la vida humana, los va destruyendo cruelmente... todo a su alrededor es duro, cruel y áspero". En la iglesia no existían en ese entonces, congregaciones femeninas cuyas estructuras facilitaran la evangelización de los grupos indígenas ubicados en lugares selváticos. Las cartas de respuesta que llegaron a las manos de la señorita Laura, cuando buscaba comunidades femeninas que se internaran en la selva para evangelizar y catequizar a los indios, muestran a las claras, que sus reglas no permitían un trabajo realizado fuera de sus casas religiosas, en lugares tan inhóspitos y en las condiciones de pobreza en que debían ser fundadas dichas casas religiosas. 

Laura Montoya Upegui movida por el Espíritu de Dios y su gran celo apostólico, se decide a "catequizar" personalmente a los indios. Concibe una comunidad diferente que se sale de modelos existentes para realizar una misión liderada por mujeres y llevada a cabo en lugares selváticos e incomunicados. A imitación de Jesús que se encarnó entre los hombres para salvarnos y liberarnos del pecado, Laura concibe una Congregación que se pone al nivel del indígena, del negro, del explotado. Vive, comparte y trata de pensar como ellos, se deja guiar por el amor, no impone por la fuerza sino que convence con el testimonio, con la vida misma de pobreza, humildad, sencillez, bondad y amor eficaz.

Con la aprobación de Monseñor Maximiliano Crespo Obispo de Santa Fe de Antioquia, con un pequeño grupo de mujeres esforzadas sale hacia la región del Urabá antioqueño, donde la selva y los ríos se entrecruzan, las fieras y el clima ardiente atemorizan para adentrarse en lo desconocido. Sólo la luz de la Fe y su amor apasionado a Dios y a los indios, fortalecen asombrosamente las fuerzas de estas mujeres intrépidas.

Fueron ellas: Laura Montoya Upegui, Mercedes Giraldo Zuluaga, Matilde Escobar Posada, Ana de Jesús Saldarriaga Jaramillo, Carmen Rosa Jaramillo, María de Jesús López y su madre, Dolores Upegui V. de Montoya como compañía, quienes salieron de Medellín hacia Dabeiba, el 4 de Mayo de 1914, con el ánimo de ser MAESTRAS Y CATEQUISTAS DE LOS INDIOS. Llegaron a Dabeiba después de un fatigoso viaje el 14 del mismo mes. Llevaban sus pobres pertenencias en una recua de mulas conducida por un peón. El indio infravalorado, repudiado y hostilizado, comenzó a ser el centro de atención de estas infatigables viajeras. La Madre Laura posee recursos metodológicos, una rica iniciativa y la ayuda poderosa de Dios. Busca un régimen, una manera de proceder que facilita la obra evangelizadora. Consiste en la formación de centros misioneros que ponen en movimiento y nutren enseñanzas ambulantes en su derredor. Centros que se fundan en lugares rodeados de varias parcialidades indígenas y a ellos concurren los indios que puedan hacerlo, para los que viven mas distantes funda las Ambulancias.

El trabajo de excursiones o correrías misioneras por las selvas y los ríos, comenzó en el mismo año de la fundación: el 7 de agosto de 1914, con el fin de explorar el terreno y buscar modos y lugares dónde establecer centros misioneros, o de visitar los enfermos distantes y darles enseñanza transitoria. Eran esas excursiones realizadas de la manera más prudente, aunque no dejaban de ser de mucho peligro por lo desconocido. En estas correrías, como en general en todo el trabajo apostólico, Dios obró verdaderos prodigios en favor de los indios.

 

"Desde aquí, como desde una pequeña santa sede, Dios enviará los rayos de su luz a los pobrecitos infieles” M.Laura

 

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